Para esta primera entrada en la sección de cosas mías me gustaría hablar de algo que casi a todos os ha pasado y que al no le haya pasado humildemente desde aquí me quito la calavera caballero.
Me refiero a esos momentos de bajona, tanto laboral como personalmente, en los que piensas que todo te sale mal y que no das pies con bola. A mí, por mi trabajo, me ha pasado muchas veces, haces diseños, presentas ideas, haces propuestas y tan rápido entran en la cabeza del cliente o del jefe salen por algún otro agujero por donde nunca sale el sol. Y eso repetido varias veces puede da la sensación de frustración, ¿me estaré quedando seco? ¿Se me ha ido mi mojo inspiracional? No amigo, no.
Todo, absolutamente todo sigue ahí, en tu cabeza, sólo hay que dar con los resortes necesarios para que las ideas salgan, y una de las frases que más me ayudan a mí es la siguiente (si pudiera ahora pondría una voz en off para decir la frase): “Eres tan bueno como lo mejor que has hecho en la vida”, acto seguido recopilo todas las cosas que he hecho y de las que me siento orgulloso, una especie de “Luisonte greatest hits” repaso mentalmente, aquel video que hice con mis amigos, aquella vez que hice sentir especial a aquella chica, esa sensación al ver la nota de la última asignatura de la carrera, no sé, pequeños momentos en los que por algún motivo sentí que lo había dado todo y que había salido bien y me quedo con esa sensación, si, es mirarse mucho a su propio ombligo, autoensalzamiento y autoidolatración, pero amigo mío, si no lo hacemos nosotros mismos quien no hará sino.
Recuerda todo lo bueno que hayas hecho y recuerda que lo hiciste tu y que eres capaz de hacer eso y que por su puesto eres capaz de superarte.
Unas de las cosas que recuerdo fue cuando hicimos un video, que lo parí en mi cabeza, lo vi crecer, lo ejecute con mis amigos y lo mostramos al mundo, gustó tanto que la propia empresa Google nos invito a ver sus instalaciones.